Archive for the ‘ Poesía ’ Category

(5) – Soneto a Galicia

 

Por cien mil chaparrones fuiste criada,

te amamantó tu cielo gris del Norte

y le hacen a la tierra aguada corte,

bajo el sol y las nieblas empreñada.

 

Preñado tú eres útero y ancho valle

que a luz trae el fuerte roble y petirrojos,

creo que está el mismo Dios en esos ojos

y que en tus costas te imprimió su talle.

 

Esperanza de mil embarazadas

albergas por los hijos venideros,

que todo heredarán bajo tu nombre,

 

Galicia, mi gran madre enamorada

del mar, del verde campo y de aguaceros,

de tu matriz de amor saldrán mil prohombres.

 

© El rostro sagrado, SergeantAlaric, 2012.

 

(4) – Las lágrimas negras de Enola Gay

  

El 6 de agosto de 1945 es una fecha triste para la humanidad. Desde el avión Enola Gay se lanzó sobre Hiroshima la bomba atómica Little Boy.  (El nombre del avión está tomado de una de las madres de los militares que iban a bordo). Al cabo de unos minutos después de la deflagración, y debido a la rápida evaporación de la humedad y agua de la zona, empezó a caer una lluvia de grandes goterones negros, que duró algún tiempo. Como los quemados supervivientes a la explosión tenían mucha sed, bebieron de aquella agua fuertemente contaminada, lo que supuso su fin inminente. De esta forma, no sólo fallecieron las víctimas directas de la explosión, sino también los que tomaron aquella agua envenenada más los que quedaron y desarrollaron cánceres y sus sucesivas generaciones, que heredaron de tal suceso malformaciones congénitas y enfermedades incurables. Como triste recuerdo -y en el honor- de todos los fallecidos a causa de Little Boy he escrito este poema.

 

“Las lágrimas negras de Enola Gay”

 

 

Si las tristes lágrimas negras de Enola Gay, lloviendo,

derritiesen radiactivamente corazones,

derritiesen tu corazón

dejándolo en carne viva.

Si lubricasen los candados perennemente oxidados

y convirtiesen campos yermos en vergeles,

si regasen los rosales en los hombres

y traspasasen cráneos,

traspasasen tu cráneo

trasustanciándose en una borrachera

de dopamina fresca en tu sistema límbico…

Si las tristes lágrimas negras de Enola Gay, lloviendo,

asesinasen la sed y el hambre,

necrosizasen los recios tejidos

del odio, la envidia y la venganza,

y diluviando inundasen todo de amor,

te inundasen de amor verdadero,

¡oh, mujer re-querida!,

entonces se cumpliría el imposible

epitafio de la inocente difunta:

Enola Gay requiescat in pace.

 

© El rostro sagrado, Sergeantalaric, 2012.

 

(3) – Yo confieso

 

Yo confieso que

no quiero escribir algo bello.

Yo sólo quiero escribir algo sincero.

Podría armarme con tu hermosura

absorbiéndote con la mirada quieta

y absorbiendo el mundo

y decir por ejemplo

que el niño ha sonreído

o que el río se entumece

tras las lágrimas de Dios

o que el alcaudón corteja

con natural fruición a la hembra

y ambos son dichosos.

Y podría decir que el agua

susurra la historia del arroyo

y de los hombres.

Y que las montañas han vivido

el escalofrío y el temblor

del continente.

Podría decir que te he visto

llorar en abril

o que el mar transporta

la sabiduría de los pueblos,

y que el petirrojo abandera

con su egoísmo este margen

del bosque al atardecer.

También podría decir

que eres hija de la misma

Madre que trae cada hombre

y cada pájaro y cada flor,

y que te hizo bella y buena

como todo lo que ella

decide.

Y que una yerta rama invernal

parirá la misma vida

que conmueve al mendigo

y al terrateniente.

O que cuando callas

tienes el poder de hacer

llorar a un noble.

Y que el Cielo aguarda

a los hombres buenos.

Pero todo ello sería incierto.

Y sólo bastarían dos líneas

que dijesen que si tú quisieras

te amaría hasta el último

de mis estertores.

 

 

© El rostro sagrado, SergeantAlaric, 2012.

 

(2) – Soneto dedicado al Café Callejón Álvarez de Gato

 

En la Calle Elfo, barrio de Pueblo Nuevo, distrito de Ciudad Lineal (Madrid), existe un café llamado “Callejón de Álvarez de Gato” -nombre tomado de la obra de Valle Inclán “Luces de Bohemia”-, que es un sitio muy bien decorado -por náyades de cuerpo serrano entre otras cosas-, y donde se come fenomenalmente. Aquí escribo un soneto que le he dedicado.

 

Soneto al Café Callejón Álvarez de Gato 

 

Si por la calle Elfo anda despistado

y en Madrid busca la suprema sensación,

pare y pruebe los huevos rotos con jamón

de los dioses manjar más apreciado.

 

Con desenfado sirve Luis cada ración,

junto a náyades de cuerpo serrano

tomaremos dos tintos de verano

y bolandrines para toda una legión.

 

Y ahora que todo eso saco a colación

y lo escribo con lenta y diestra mano

y oficio del que de este bar es beato

 

le dirijo mi mejor recomendación,

amigo, del yantar quedará ufano,

si come en Callejón Álvarez de Gato.

 

© El rostro sagrado, SergeantAlaric, 2012.

 

(1) – Hemorragia versicular

 

¿Qué efímera marca

queda del agua en

la sección del cauce?

Ninguna.

Cada segundo y cada sección

son traspasados

irrepetiblemente,

como transeúntes ebrios

a través de callejas sombrías,

como viajeros en barcas perdidas

en un lejano océano.

Así es el tiempo

y así son las palabras.

Su fluyente murmullo evoca

el irvenir de las rosas,

que nacen y mueren inadvertidamente,

pero que me ilusionan,

porque la Diosa Naturaleza

sufre y padece y llora

y empuja y tira y arrastra

y sopla y calienta y alumbra

para que cada primavera

las flores expresen su pasión

y desgarren el lloro de las niñas

y de los colegiales insensatos,

y de las bellas mujeres

y de los amantes incansables

y de los tímidos indecisos.

Mas el cauce existe por el agua,

es el arroyo quien lo labra.

Luego me alegro.

Porque tal vez las palabras

no sean solo palabras

que el viento dispersa

y tal vez la claridad

impresiona las retinas,

y quizás también en tu corazón,

niña querida,

haga mella el gorjeo de un pájaro,

o el rojo de una rosa,

o el chillido del gavilán,

o los graves de mi voz,

y sola, en silencio, sientas

que los versos sangran en el papel

y que imploran amor.

 

© El rostro sagrado, SergeantAlaric, 2010.