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Los pequeños cazadores : el cernícalo, el alcotán y el gavilán

 

 

  http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/225634/

 

Resulta muy común para el hombre de campo el observar de vez en cuando el vuelo de pequeñas aves de presa sobre las llanuras o sotobosques ibéricos. Las pequeñas especies orníticas más comúnmente avistadas dentro de las familias de los Falcónidos y los Accipítridos, son el cernícalo vulgar (Falco Tinnunculus), el alcotán (Falco Subbuteo) y el gavilán (Accipiter Nisus), las dos primeras de ellas pertenecen además al género de las falcónidas o halcones. Pues bien, aunque los hábitos de estas tres pequeñas aves de presa difieren en gran medida, como corresponde a todas las distintas especies animales, hasta ser costumbres representativas de cada una de ellas, y otro tanto ocurre con su librea, también es cierto que a primera vista, para el profano en el tema resultan indistinguibles, habida cuenta de que la posibilidad de poderlas contemplar en actitud de posado no resulta habitual.

 

http://www.luontoportti.com/suomi/es/linnut/alcotan

 

Para ilustrar lo fácil que resulta distinguir a estas tres especies me he tomado la libertad de coger prestadas tres fotos de otras webs, cuyos links correspondientes figuran debajo de cada una de ellas (para poder ser visitadas desde aquí), en las que se aprecian las entredichas especies de nuestra avifauna en vuelo, que es la manera que tenemos más fácil de poderlas observar. En la foto superior aparece un cernícalo en vuelo cernido, en la intermedia un alcotán y en la inferior un gavilán. Si nos fijamos en las tres fotografías advertiremos que las tres especies, de tamaños similares, tienen diferencias notorias al verlas en vuelo. El cernícalo, que recibe su nombre por ser capaz de efectuar un vuelo cernido, -esto es, es capaz de mantenerse inmóvil en vuelo en un punto determinado mediante el batido continuado de sus alas y de su cola en abanico, como un perfecto helicóptero natural, para así, en esta actitud, poder divisar sus presas (que suelen ser ratones, ranas e insectos de gran tamaño) y capturarlas lanzándose sobre ellas-, posee unas alas angulosas, más cortas que las del alcotán y una cola –conformada por las plumas supracoberteras caudales, infracoberteras caudales y por las caudales o rectrices- más grande que la de aquél y abierta en abanico. El alcotán sin embargo, tiene unas alas de mayor envergadura que las del cernícalo, también angulosas, y además puntiagudas, con la particularidad de tener forma de hoz. La cola es en este caso más corta que la de aquél y no se abre en vuelo. Por su parte, el gavilán presenta unas alas redondeadas en vez de angulosas y una cola mucho más larga que la de las otras dos especies aquí descritas.

 

http://www.geschichteinchronologie.ch/soz/fabulas/Samaniego_fabulas01.html

 

Tanto el alcotán como el cernícalo no hacen su nido propio sino que aprovechan nidos construidos por otras aves, como las cornejas, y en el caso del cernícalo también suele nidificar en salientes en la roca, en hoquedades naturales o incluso sobre el suelo. El gavilán, sin embargo, sí construye un nido, pero la construcción no resulta muy perfeccionada, ya que para este menester no posee una especial habilidad. El cernícalo es el más pequeño de los tres simpáticos protagonistas de esta entrada y posee un colorido pardo con manchas, presentando dimorfismo sexual, y siendo el macho ligeramente más vistoso que la hembra, característica común a las otras dos especies. Por su parte, el alcotán, es muy parecido a su primo el halcón peregrino (Falco Peregrinus) y con él también comparte como característica común una gran agilidad y velocidad en el vuelo. En cuanto al gavilán, podría decirse que se trata de casi una copia a menor tamaño del azor, otra ave de presa que al igual que él comparte el mismo nicho biológico y casi el mismo tipo de alimentación, ya que aunque ambos presentan una nutrición fundamentalmente ornitófaga, basada en zorzales, mirlos, medianos córvidos, o incluso palomas en el caso del azor, también es cierto que allí donde hay conejos, ésta son la presa preferida de este último, cosa que no comparte con el gavilán por ser aquél de menor tamaño. Ambas especies suelen habitar en bosques mixtos o en bosques de coníferas. Tanto el azor como el gavilán realizan vuelos bajos entre la espesura, que los hace indistinguibles en sus lances cinegéticos. En estas tres especies es la hembra la que se encarga de la incubación de los huevos y de la alimentación de los polluelos, si bien el encargado de la caza es el macho, que cede su presa a su consorte a escasos metros del nido para que sea ella la que cebe a las crías.

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (5).- La exposición dedicada a Graells

 

Dedico este último artículo dentro de la serie que trata sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid a la figura del ilustre médico, científico naturalista, y senador español Mariano de la Paz Graells y de la Aguera, en torno a cuya remembranza gira la exposición dentro del entredicho museo dedicada a su nada desdeñable labor investigadora y de descubrimiento, en el marco de la Península Ibérica.

Para acometer tal tarea trataré primero la biografía de este científico, que destacó por su enorme versatilidad a la hora de adaptarse a terrenos tan dispares como la botánica, la zoología, la medicina e incluso la política activa.

Graells nació en Tricio (La Rioja) en el año 1809, hijo de un médico catalán, se formó en Barcelona, donde cursó estudios de Medicina y Cirugía, Botánica, Agricultura, Física y Química. Su afán de conocimiento estuvo siempre vinculado al interés por las aplicaciones prácticas y el desarrollo de mejoras. Cuando en 1837 se incorporó en Madrid al Museo de Historia Natural, fue nombrado Catedrático de Zoología comparada en el mismo, y posteriormente director, llevando a la práctica un ambicioso proyecto de renovación que tuvo como fruto la mejora de las colecciones que por entonces se atesoraban en dicho Museo. A partir de 1855 trabajó en la aclimatación de diferentes especies en el territorio español y en la creación de piscifactorías, para obtener más alimentos para la población. Se implicó además en otras tareas, como el desarrollo de industrias y actividades pesqueras, y sus intentos de erradicación de la plaga de la filoxera de la vid, trabajos con una clara componente social. No sólo fueron los estudios prácticos los que ocuparon su trabajo, también estuvo interesado en los estudios teóricos, que ya comenzó en su primera etapa vital en Barcelona, con la observación de los insectos y sus indagaciones en relación a la floración de distintas especies vegetales en diversas áreas catalanas, y que continuaría más adelante en Madrid con sus estudios de malacología, paleontología y de los mamíferos. Supo conjugar sus trabajos de campo y de laboratorio con el servicio público, mediante la dedicación que hizo efectiva como miembro de distintas academias, comisiones y consejos ministeriales, y con su participación como senador en diversas legislaturas. La Ciencia le debe el descubrimiento, descripción, y estudio, de distintas especies vegetales endémicas de la Península Ibérica, así como del único lepidóptero del género Actias dentro del territorio español, la llamada Graellsia Isabellae (o Actias Isabellae), especie amenazada, protegida y de interés especial desde el año 2000, cuyo nombre científico está formado con su nombre y con el nombre de la reina Isabel II.

A continuación iré describiendo el contenido de algunas fotografías que tomé en mi visita a la exposición dedicada a Graells.

En la siguiente imagen aparece el herbario de Eduardo Carreño, que fue donado al Gabinete de Ciencias Naturales del Colegio-Seminario que estableció en 1885 el rey Alfonso XII en el Monasterio del Escorial. En este gabinete existe una colección botánica extraordinaria, y se albergan además allí colecciones zoológicas, mineralógicas y materiales de archivo, además de plantas procedentes de las donaciones de Graells, entre las que se encuentra la colección de su pupilo, Carreño.

 

 

En la fotografía que sigue se muestran algunos de los objetos que utilizaba Mariano Graells en sus clases de anatomía comparada.

 

 

Las dos imágenes a continuación en el bloque que sigue representan respectivamente la primera algunos expedientes de intercambio de semillas con centros docentes, mientras que la segunda expone los expedientes de traída de agua del Canal de Isabel II al Jardín Botánico de Madrid.

 

 

La foto siguiente muestra una reproducción del meteorito del tipo condrito L, caído en Molina de Segura (provincia de Murcia) el 24 de diciembre de 1858, y cuyo original pesa 112,5 kg.

 

 

A continuación aparecen dos catálogos en los que trabajó Mariano Graells, uno de ellos dedicado a los mamíferos observados en Madrid, y el segundo de ellos a los moluscos terrestres españoles.

 

 

Esta foto representa distintos ramilletes de la flora española, recogidos por el Doctor Graells en las Memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de 1859.

 

 

El protagonista de la foto que sigue es una especie endémica de parte de la Península Ibérica, el desmán de los Pirineos, un mamífero de veloz metabolismo, que vive en los cursos fluviales de la cordillera pirenáica y otras regiones septentrionales de la península Ibérica, así como también en el Sur de Francia. Se alimenta de larvas de insectos acuáticos como tricópteros y efemerópteros, y este ejemplar pertenece a la colección de aves y mamíferos del Museo de Ciencias Naturales.

  

 

A continuación se muestra una colección de lepidópteros ibéricos, entre los que se pueden observar, entre otros, la Inachis Io, la Papilio Machaon, la Parnassius Apollo, la Aglais Urticae, la Nymphalis Antiopa, la Anthocharis Cardamines, y la Gonepterys Cleopatra. El segundo de los mosaicos de este bloque está formado por diversas especies ibéricas de coleópteros.

 

 

Las dos cajas entomológicas de las dos siguientes fotografías son un estudio del hecho biológico de la divergencia de caracteres, expresión visible de las mutaciones genéticas. En concreto, el lepidóptero sometido a estudio es la especie descubierta por Graells, la Graellsia Isabellae. En la primera fotografía se pueden ver grados variables en ejemplares de esta especie en lo que respecta al tamaño del insecto, la coloración de las venas alares, y la longitud de las colas. En la segunda fotografía se hace idéntico análisis, teniendo en cuenta en este caso las bandas negras de las alas, los ocelos que presentan, y las anomalías.

 

 

En la imagen que sigue se muestran dos obras en las que participó Mariano Graells, la de la izquierda es un trabajo sobre la florescencia de las especies vegetales de la flora catalana. La de la derecha es el libro Indicatio Plantarum Novarum, que recoge las descripciones de especies botánicas descubiertas en España. En la segunda imagen del bloque se representa un ejemplar de herbario de la especie Narcissus Palliludus Graells.

 

 

En el siguiente bloque aparece en primer lugar una lámina acerca de la anatomía de las ballenas varadas en las costas españolas en tiempos del Doctor Graells. En segundo lugar se puede apreciar una colección de coleópteros del mismo.

 

 

La fotografía siguiente representa un estudio llevado a cabo por el naturalista en relación a la Phyllosera Vastatrix, comúnmente conocida como plaga de la filoxera, publicado en el año 1881.

 

 

Para ya finalizar este paseo gráfico por la exposición, se muestra en primer lugar un retrato del personaje aquí tratado, seguido de otro retrato de la reina Isabel II, a la que Graells dedicó el nombre del lepidóptero Graellsia Isabellae, también conocido como Actias Isabellae. Se dice que Don Mariano le regaló un ejemplar de esta mariposa a la reina, y que ésta lo lució en una fiesta de palacio, montado sobre un collar de esmeraldas, causando gran sensación entre los asistentes.

 

 

Si bien en este museo existen otras exposiciones aparte de las descritas en la serie, me he limitado a algunas de las abiertas al público en el momento de mi visita al museo; probablemente ahora, en el momento de la publicación de este último artículo haya otras a disposición de los visitantes, como por ejemplo la que por aquel entonces estaba en obras, dedicada a los fósiles y animales prehistóricos, o la dedicada a los meteoritos que han caído en la Península Ibérica; he intentado ser sintético en la medida de lo posible, pero la única manera de vivir con intensidad una visita al Museo de Ciencias Naturales es acudiendo allí personalmente. Para los amantes y estudiosos de la naturaleza resulta una actividad lúdica e instructiva a la que incluso se puede acudir en familia, pues a los niños y jóvenes se les abren mundos insospechados en la contemplación del Medio Natural y sus inquilinos. Por lo que a mí respecta, puedo afirmar que me lo pasé en grande.

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (4).- La sala Mediterráneo

 

 

En este apartado dedicado a mi visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales, ubicado en Madrid, expondré algunas fotografías que he tomado allí en la sala Mediterráneo, que es el lugar donde se exhiben dioramas con animales disecados o conservados en formol representativos de la fauna ibérica. Así en la primera fotografía aparecen dos águilas imperiales, especie de la familia Accipitridae en grave peligro de extinción, que tienen preferencias por biotopos con arbolado, frente a sus primas las águilas reales, que suelen habitar terrenos montañosos, y que además de eso, por no ser tan eclécticas como aquéllas en la alimentación, pues preferentemente sus hábitos alimenticios se cubren con la caza de conejos -ya muy escasos en libertad en la península- han visto como sus efectivos se han reducido hasta el punto de ser una especie casi al borde de la extinción.

 

 

En la anterior fotografía se pueden apreciar unos representantes de una especie de la familia de los córvidos, más concretamente las carracas, dentro de su familia las de mayor belleza en la librea, y que reciben su nombre como onomatopeya del sonido que producen.

 

 

Esta imagen representa algunos ejemplares de especies de lepidópteros que o bien aparecen aquí en la península ibérica esporádicamente o que bien están perfectamente adaptados y la habitan en toda su etapa vital. En la fila superior las dos de la izquierda son las especies Papilio Machaon e Iphiclides Podalirius, de la familia Papilionidae. A su derecha hay una Artogeia Rapae, de la familia Pieridae, y también de esta misma familia, a su derecha, el macho seguido de la hembra de la mariposa Gonepteryx Cleopatra. En la segunda fila se pueden ver en la posición más a la izquierda a una mariposa monarca (Danais Plexippus), que entra dentro de las que se pueden observar muy raramente aquí, sólo como divagante; en el tercer lugar empezando por la izquierda aparece una Charaxes Jassius, que existe en las islas Baleares y en algunos enclaves peninsulares litorales, que es conocida como mariposa del madroño vulgarmente, y que pertenece a la familia Nymphalidae. Inmediatamente a su derecha se observa una Vanessa Atalanta, también de la familia Nymphalidae. En la fila tercera se exhiben algunos especímenes englobables en la familia de los Satíridos, y finalmente en la última fila se hace otro tanto con la familia Lycaenidae.

 

 

En la anterior fotografía se representa a un ejemplar joven de macho montés, especie de bóvido del género Capra que habita los territorios montañosos de los Pirineos y otras cordilleras ibéricas.

 

 

El lince ibérico (Lynx Pardinus) está en serio peligro de desaparición, es una de las especies más amenazadas dentro de España y Portugal. Las causas de la merma de esta especie han sido fundamentalmente la desaparición de su presa por antonomasia (el conejo) por las plagas de mixomatosis, los atropellos en carreteras, así como la caida en trampas destinadas a otros animales.

 

 

El halcón peregrino (Falco Peregrinus) es un ave de la familia de los Falcónidos, o halcones, que consigue picados de hasta 300 km/hora a la hora de cazar a sus presas. Es el ave que alcanza mayor velocidad en vuelo.

 

 

Las avutardas son unas aves genuinamente esteparias que en la península pueden contemplarse en Castilla-León y otras regiones, que pertenecen a la misma familia de los sisones (familia Otididae), y que hacen sus nidos directamente en el suelo.

 

 

Los rebecos (Rupicabra Rupicabra) son unos mamíferos ungulados que habitan terrenos montañosos y que presentan una clara diferencia con las cabras montesas y otras especies de la misma familia.

 

 

Las grullas (Grus Grus) pertenecen a la familia de los Gruídos, y se alimentan de semillas e insectos. Son aves migratorias que se desplazan grandes distancias para acudir a climas más benignos donde criar. Presentan en la época de cortejo un llamativo ritual con pavoneos y sonidos semejantes a los de trompetas, que se escuchan muy lejos de donde se hallan.

 

 

La anterior fotografía exhibe un diorama de una lobera con ambos consortes y sus lobeznos. El lobo (Canis Lupus) es otra de las especies más amenazadas en la Península, en este caso su costumbre de atacar rebaños de ganado doméstico para alimentarse ha sido el detonante para su persecución indiscriminada, que lo ha situado al borde la extinción.

 

 

El pato cuchara (Anas clypeata), que pertenece a la familia de las Anátidas, es un ave con una clara adaptación evolutiva para su alimentación. Al igual que otros ánades como el ánade real (Anas Plathyrynchos) o la cerceta común (Anas crecca), englobados en la clasificación de patos de superficie, se alimenta sin zambullirse o en último caso basculando su cuerpo pero no sumergiéndose. En su pico existen dos hileras de membranas a modo de tamices que filtran el agua posteriormente a su absorción en superficie con un llamativo movimiento de barrido superficial, quedándose la materia alimenticia dentro de su boca para ser así tragada. Es decir, su pico es una perfecta criba, que deja pasar el agua pero no el pláncton, los insectos y las semillas de los que se nutre. Es un ave migradora. En España es muy habitual en la invernada en lagunas de interior.

 

 

En la anterior fotografía aparece una familia de tejones (Meles Meles), que son unos mustélidos -misma familia de la marta, la garduña y la gineta- que habitan preferentemente en zonas de bosque próximas a praderas y laderas de montañas. Se alimentan de lombrices, frutos e insectos.

 

 

El búho real (Bubo bubo), que también posee como la carraca un nombre onomatopéyico, y cuyo canto es inconfundible en las noches, distinguiéndose claramente del de otras rapaces nocturnas como el cárabo o el autillo simplemente por sus emisiones sonoras, es la mayor de las aves de presa nocturnas en la península ibérica y aunque está muy extendido, prefiere los bosques y los acantilados para anidar.

 

 

En la fotografía precedente se aprecia una pareja de águilas reales, que prefieren las montañas frente a los bosques para su ciclo vital, y que no están tan amenazadas como las águilas imperiales, por ser menos específicas en su alimentación.

 

 

La anterior fotografía exhibe entre otras a tres especies orníticas genuinamente marinas, la de arriba a la derecha es el frailecillo, poseedor de un llamativo pico coloreado, el ave de abajo a la derecha es un cormorán (del género Phalacrocorax), y el ave de abajo a la izquierda, de píleo amarillento, es un alcatraz, que puede recorrer grandes distancias en vuelo sobre el mar.

 

 

Para ya finalizar, en la última de las fotografías de esta entrega, se aprecia un calamar gigante, del género Architeuthis, y de la familia de los cefalópodos, una especie muy raramente vista por el hombre, y en torno a la cual giran muchas leyendas que le llegan a atribuir tamaños descomunales. Habita a grandes profundidades marinas, donde apenas penetra la luz solar, y eso explica el que haya pasado desapercibido como especie para la Ciencia hasta hace relativamente poco tiempo.

Esto es todo de momento. El siguiente y último reportaje de este especial dedicado al Museo de Ciencias Naturales girará en torno a la figura del eminente naturalista y político español Mariano Graells.

 

Modelos matemáticos en la demografía de las especies

 

 

Coincidiendo prácticamente con los comienzos del siglo XX se vio nacer una nueva disciplina científica, la biología matemática, ciencia en la cual se ha tratado y se trata de aúnar el conocimiento propio de ambas ramas, con el objeto de establecer modelos que expliquen lo más finamente posible la realidad de la vida. Tanto los físicos como los matemáticos vieron en la biología una serie abrumadora de fenómenos que eran tratables con el lenguaje abstracto de la matemática.

Mucho antes del siglo pasado, a finales del siglo XVIII, el conocido economista Thomas Malthus, que fue posteriormente una fuente de inspiración para el biólogo Charles Darwin, estudió el crecimiento demográfico de las poblaciones y advirtió que si la naturaleza no proveía de algún sistema de control de la población, la vida en nuestro planeta sucumbiría. Precisamente fue ahí donde entró Darwin más tarde identificando a la selección natural como el mecanismo regulador que en cierto modo limita las poblaciones vivas. El razonamiento de Malthus era en cierto modo sencillo pero totalmente lógico, aunque también con limitación de miras. Dada una especie animal que se alimenta de otra especie vegetal, pongamos por caso el ratón y el trigo, se verifica que la cantidad de trigo que se puede producir en cada temporada en un cierto terreno crece aritméticamente con el paso de las generaciones, dado que la superficie de terreno es siempre la misma. Esto es, en la primera generación se producirá por ejemplo x metros cúbicos de trigo. Tras la segunda generación habrá x + x = 2x metros cúbicos de trigo, y en general tras n generaciones habrá nx metros cúbicos de trigo, todo ésto abstrayéndonos de la presencia humana, esto es, suponiendo que no hay consumo del trigo por ningún otro ser que fueran los ratones. Sin embargo la población de ratones en ese escenario hipotético no crece aritméticamente sino exponencialmente, puesto que se puede suponer, simplificando las cosas, que un individuo típico aporta en la unidad de tiempo una cierta cantidad de ratones r a la población (número que puede ser fraccionario, y que representa el valor medio de lo aportado en la unidad de tiempo per cápita), cuyo valor se identificaría con la tasa de natalidad. Ésta ecuación diferencial tiene como solución una función exponencial del tiempo, en la que participa el parámetro r. Así pues, aunque la cantidad de trigo que se poseería en una generación sería grande, la población de ratones crecería mucho más rápido, con lo cual en un principio, si aislamos del resto del planeta estas dos especies, llegaría un momento en que se agotaría el alimento y ambas especies dejarían de existir.

Ahora bien, este tipo de crecimiento demográfico exponencial, que también se conoce como malthusiano, es en realidad una aproximación grotesca de la realidad, independientemente de que el mundo no está formado sólo por dos especies vivas. En realidad existe un límite al crecimiento demográfico de una especie, que viene dado por las limitaciones de espacio o nutrientes o por la presencia de otros predadores, y ese límite es conocido como capacidad de carga o de soporte de la especie. En términos matemáticos diríamos que el crecimiento malthusiano viene dado por una ecuación diferencial de la forma y’ = k.y, esto es la tasa de cambio de la especie es proporcional a la cantidad de miembros que tiene esa especie en ese momento, y cuya solución es una función exponencial del tiempo. Pero el crecimiento real, cuyo estudio fue acometido por Pierre Francois Verhulst, se modela según otra ecuación diferencial de la forma y’ = k.y.(C-y), donde la constante C es la capacidad de carga o valor límite de la población. Esta ecuación expresa que la tasa de cambio es no sólo proporcional a la cantidad de individuos, sino que es menor también cuanto más próxima sea esa cantidad de individuos a la capacidad de carga, porque cada vez hay menos espacio o nutrientes para ellos o porque otra especie predadora los limita numéricamente. La solución de esta ecuación diferencial es la denominada ecuación o ley logística, que se rige por la expresión y = Cy0 / (y0 + (C-y0)exp(-kt)), donde el valor y0 es la cantidad de individuos en el instante inicial.

Pero, como es lógico, no tiene sentido aislar dos especies apartándolas del resto del mundo, puesto que éste presenta relaciones recíprocas entre todas las especies, sean de una naturaleza o de otra.

Ya en el siglo XX entraron en escena dos matemáticos para mejorar los estudios de Malthus y de Verlhust, y éstos fueron Vito Volterra y Alfred Lotka, aportando dos modelos que explican mucho mejor las interacciones de pares de especies predador-presa o bien predador-predador competidor. Históricamente para ejemplificar estos modelos se utilizan en el caso del modelo predador-presa a la relación entre lobos y conejos. Si las poblaciones de lobos y conejos estuviesen aisladas los lobos no podrían alimentarse de los conejos, con lo cual la población de lobos decrecería según una ecuación x’ = -l.x, que es de tipo malthusiano. Por otra parte los conejos seguirían una tasa de crecimiento también malthusiana pero de signo contrario, esto es : y’ = c.y. En estas dos ecuaciones los valores l y c son respectivamente las tasas de muerte y de natalidad de lobos y conejos.

Sin embargo, si ambas especies, lobos y conejos, coexisten en un determinado biotopo, estas ecuaciones no serán válidas, porque ambas especies interactuarán entre sí, y de este modo, podemos decir que, debido al encuentro entre predadores y presas, a la anterior tasa de crecimiento de lobos habremos de sumar un término debido al hecho de que ciertos lobos cacen ciertos conejos, y que será mayor cuanto más lobos y conejos haya, puesto que en esa situación más fácil será que se encuentren entre sí, y además el signo de este término será positivo, dado que significará que los lobos aumentan su cantidad por el hecho de encontrarse con conejos que capturan, por lo que pueden seguir viviendo y reproduciéndose. Así pues, la tasa de crecimiento de los lobos quedará x’ = -l.x + r.x.y, siendo r un parámetro de la ecuación, como también lo era l, y que en este caso representa la facilidad con que los lobos cazan los conejos y su repercusión en la mayor reproducción consecuente. De esta forma, la especie predadora de este caso, la lobuna especie, en vez de extinguirse tendrá al menos posibilidad de tener cierto crecimiento. Por otra parte, para el caso de la tasa de crecimiento de los conejos, y por el mismo motivo que el que causó el anterior término r.x.y, habrá de restarse al crecimiento malthusiano original de los conejos un término que será proporcional a la facilidad de encontrarse lobos y conejos y que tendrá signo negativo, de modo que la segunda ecuación diferencial será de la forma y’ = c.y – s.x.y. Estas dos ecuaciones diferenciales, dependientes de los parámetros l, r, c y s, son dos ecuaciones diferenciales que están acopladas, y si resolvemos este sistema obtenemos una cantidad oscilante de lobos y conejos, de manera que si representamos en el plano XY, para el eje de abscisas la cantidad de conejos y para el eje de ordenadas la cantidad de lobos aparecerán las “curvas isoparamétricas” a las que tienden la evolución de predadores y de presas, y que en este caso tienen la forma de curvas cerradas con «radios» diferentes y que tienen su punto «central» en la situación de equilibrio ideal que correspondería a la no variación ni de la cantidad de presas ni de predadores. Al variar los parámetros obtenemos distintos ciclos cerrados en dicho plano conejos-lobos, y la evolución temporal de ambas especies sigue una de esas curvas. Los parámetros para cada modelización particular habrán de ser obtenidos por métodos empírico-estadísticos, pero en general se puede decir, de modo intuitivo, que el número de predadores aumentará si disponen de gran cantidad de presas, pero al irse consumiendo éstas el número de predadores disminuirá, con lo cual aquéllas aumentarán su número, aumentando de nuevo el de predadores. La solución es, pues, cíclica, salvo que estemos en una condición de equilibrio en el ecosistema para todas las generaciones, la cual es improbable. Es decir, existen curvas isoparamétricas para cada sistema de ecuaciones diferencial, en las que yacerían las series de valores temporales, también llamadas órbitas, de todas las variables involucradas. Y esto no sólo se aplica a las ecuaciones de Lotka-Volterra de predador-presa sino a cualquier modelo no lineal en el que intervengan ecuaciones diferenciales no lineales. Un ejemplo de esto es el modelo climático de Lorentz, desarrollado en el siglo XX. Para elaborar este modelo, Lorentz estableció, en su forma o versión simplificada, las tres ecuaciones diferenciales que fijan la tasa de cambio de cada de las tres variables de posición de una molécula en un fluido (por ejemplo una molécula de de agua en la atmósfera). Y se ayudó de algunos parámetros. La solución del sistema diferencial de tres ecuaciones de Lorentz da lugar a una órbita que tiende a un atractor, que se denomina “el atractor extraño de Lorentz” y que tiene forma de ochos acostados enlazados cada uno con el siguiente.

Pero Lotka y Volterra desarrollaron además otro par de ecuaciones diferenciales que dan lugar al modelo de competencia entre especies de un mismo biotopo. Este modelo se aplica a dos especies que compiten por un recurso o presa común, y en las que aparece crecimiento logístico, y ese crecimiento ha de ser forzosamente logístico porque los recursos por los que compiten ambas especies son limitados. Las ecuaciones diferenciales son gemelas para cada uno de los competidores y tienen la forma : x’ = k.x.((C-x-r.y)/C), siendo k la constante de crecimiento malthusiano, C la capacidad de carga para la expecie x y r un factor que establece la interacción con la especie competidora. Habría una ecuación diferencial análoga para la otra especie, con parámetros análogos pero con otro nombre, y de la resolución de ambas ecuaciones obtendríamos unas órbitas en el plano XY sobre las que yacerían las series temporales de ambas especies.

Todo lo que aquí se ha descrito para dos especies puede ser ampliado para un número mayor de especies y así se construirían modelos aplicables a ecosistemas simplificados con un número limitado de especies que darían lugar, en el espacio de tantas dimensiones como distintos tipos de seres interactuando, a distintas órbitas donde se situaría la evolución en el espacio de fase de las series temporales de todas las especies.

En cuanto a la resolución de los sistemas de ecuaciones diferenciales que modelan a la naturaleza, existen básicamente dos formas de acometerla de acuerdo con las herramientas de que nos provee la matemática. Una de ellas es la disciplina de resolución de ecuaciones diferenciales y la otra es el análisis numérico. La primera de las dos emplea métodos concretos de cálculo para transformar cada ecuación y/o para resolverlas analíticamente. La segunda herramienta son los métodos numéricos basados en diferencias finitas o en diferencias divididas y que aproximan las derivadas por diferencias escaladas entre valores próximos de cada variable, y mediante el cálculo por computadora se obtienen directamente las series temporales. Ejemplos de este tipo de cálculo serían los métodos de Runge-Kutta y de Euler.

En la imagen superior se representan las curvas isoparamétricas de la solución del modelo predador-presa y en la imagen inferior se representa el atractor extraño de Lorentz.

 

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (3).- El Real Gabinete

 

Continúo la serie de artículos dedicados al Museo Nacional de Ciencias Naturales exponiendo unas cuantas fotos que he tomado en el Real Gabinete, comenzando con una fotografía de varios ánades rabudos, que son aves pertenecientes a la familia de las anátidas.

 

 

 

El críalo es una ave que habita en la parte meridional de España, y que al igual que el cuco, tiene hábitos nidoparásitos, esto es, el huevo es puesto en el nido de otra ave, y es criado por los verdaderos inquilinos del nido. De ahí le viene el nombre.

 

 

 

Los abejarucos, a los que ya dediqué un apartado en esta web, tienen costumbres gregarias y habitan en colonias ubicadas en taludes arenosos, a la orilla de carreteras o en los ríos. Son unas aves de especial vistosidad y colorido.

 

 

 

Los mórfidos es una familia de lepidópteros que habitan zonas selváticas y que se distinguen con mucha facilidad por ser de distintas tonalidades de azul, que además tienen más o menos brillo dependiendo del ángulo con que los observemos.

 

 

A continuación, dos tomas de las vitrinas del Real Gabinete desde dos puntos diferentes.

 

 

 

También los coleópteros tienen un hueco en esta parte del museo, y la siguiente imagen lo atestigüa.

 

 

Y paso de nuevo a las aves: lo que sigue es un diorama que refleja un nido de gallineta común, con ambos consortes próximos a los huevos.

 

 

 

El torcecuello es un pájaro bien curioso. Tiene costumbres que lo podrían emparentar con los pájaros carpinteros, por el hecho de que suele anidar en cavidades, las cuales ya estaban construidas de antes. Tiene una lengua larga al igual que el pito real, y de la que se aprovecha como aquél para conseguir las hormigas de los hormigueros que sondea. El nombre de torcecuello viene dado por la costumbre que tiene de girar el cuello en un ángulo prácticamente imposible para cualquier otra especie ornítica, acompañando estos movimientos del cuello en forma de espasmos con un erizado del plumaje del píleo. Se ha demostrado que detrás de este hábito existe una adaptación biológica que le da la capacidad de espantar a sus depredadores naturales, de hecho la combinación del cuello torcido mediante movimientos bruscos, de embestidas con el pico, del píleo erizado y del colorido de su plumaje lo hacen parecerse a una culebra en acción de ataque.

 

 

Las dos fotos siguientes representan a una pareja de escribanos soteños (la primera) y un diorama con el nido de dos mirlos (la segunda). Obsérvese que la hembra, la que empolla los huevos, es de una tonalidad que tira más a marrón oscuro, mientras que el macho tiene librea negra.

 

 

 

 

Las tres fotos siguientes son cajas entomológicas con distintas especies de mariposas tropicales, a excepción de la tercera, que representa al lepidóptero Graellsia Isabellae, descubierto aquí en España por el científico Graells.

 

 

 

Para ya finalizar, la última fotografía se corresponde con un lobo marsupial, una especie que ya está extinguida en el mundo.

 

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (2).- Los sótanos del Real Gabinete

 

Continúo en esta entrada con el reportaje que he decidido confeccionar acerca del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. El segundo capítulo está dedicado a las verdaderas maravillas que pude contemplar en los sótanos del museo. Este apartado fue abierto al público no hace demasiado tiempo, y para acceder a él es preciso pasar previamente por la galería que llega al Real Gabinete y seguir una vez en éste por unas escaleras descendentes, a cuyo término se encuentra el sótano. Este lugar tiene un encanto especial, ya que nunca jamás en ningún otro sitio pude ver tantas especies zoológicas en una sala tan reducida. Más concretamente las especies disecadas albergadas aquí se cuentan por millares, y las disecciones son de primera categoría. Se pueden observar con todo lujo de detalles, a escasa distancia de los especímenes, animales de los cinco continentes de una enorme variedad de órdenes y familias zoológicas.

Comenzaré con las aves, por mi predilección por la fauna ornítica. En las dos siguientes fotografías se observan una gran cantidad de especímenes de la familia de las anátidas. Se cree que todos los pájaros de hoy en día, conocidos como Neornitinos, proceden de la evolución de un antiquísimo ancestro que la ciencia denomina Archaeopteryx, un descendiente de los Terápodos, antiguos pequeños dinosaurios recubiertos de plumas y de alimentación carnívora. El Archaeopteryx tenía características de los actuales patos, aunque poseía dientes afilados, los dedos no estaban unidos –como ocurre con los actuales pájaros- sino que se abrían en el ala en forma de garra, poseía cola ósea, y en general tenía caracteres propios de los dinosaurios y caracteres propios de las aves. Se creyó en un principio que los Neornitinos o “aves modernas” habían surgido después de la gran extinción que tuvo lugar al final del Cretácico, a causa de un asteroide, pero la ciencia actual dice que en realidad las aves modernas aparecieron antes de la gran extinción y que fue precisamente su carácter ecléctico en la forma de alimentarse lo que sirvió para que sobrevivieran a la debacle. En este caso era más ventajoso estar poco especializado que estarlo mucho. Así, los más antiguos dinosaurios-aves previos a la gran extinción, dada su alta especialización alimentaria, vieron como los nichos biológicos que les eran favorables desaparecían, mientras que los Neornitinos previos a la caída del asteroide por ser aves aún poco evolucionadas y por lo tanto poco especializadas –que comían en general de todo, característica común con las principales ramas orníticas actuales- podían en principio adaptarse a distintos nichos, por lo que sobrevivieron. Es curioso que por una vez, cuando hablamos de extinciones, resulta ventajoso estar poco especializado y poder vivir en el mayor número de condiciones posibles.

 

 

En la primera fotografía se observan distintos tipos de anátidas, entre ellas el azulón o ánade real, el más común de los patos a escala mundial. En la segunda del bloque se pueden ver algunos tipos de porrones, de serretas y la pequeña y bonita cerceta común (Anas crecca).

A continuación se muestra una fotografía que representa diferentes especímenes catalogados comúnmente como “aves zancudas”, y que en Europa engloban la mayor parte de sus efectivos en las familias Charadriidae y Scolopacidae. Se observan distintos ejemplares de zarapitos, avefrías, avocetas y chorlitos.

 

 

 

Las tres imágenes que siguen representan una gran variedad de aves del orden de los paseriformes, pájaros de pequeño y mediano tamaño que presentan una enorme diversificación. La primera de las fotos incluye muchos ejemplares de colúmbidos –familia que reúne las palomas-. La segunda de ellas exhíbe, entre otros, distintos ejemplares de trepadores, carboneros y oropéndolas. En la tercera se pueden ver algunos alcaudones, lavanderas y alondras.

 

  

En la fotografía que sigue se representan diferentes especies de cálaos, una ave tropical dotada de un pico muy robusto, grande y peculiar. Los cálaos pertenecen a la familia Bucerotidae, orden de los coraciiformes, y por tanto parientes lejanos de los martines pescadores. Habitan en África y Asia hasta Malasia. Algunas especies de cálaos tienen un curioso comportamiento en la época de cría. La hembra se introduce en una hoquedad de un árbol, pone los huevos y los empolla. Mientras tanto, el macho clausura el hueco mediante el aporte de materiales, dejando un pequeño agujero por donde periódicamente la alimenta a ella y a la progenie. La naturaleza nunca dejará de sorprendernos.

 

 

Se puede advertir en la siguiente imagen la majestuosidad de la gran ave carroñera sudamericana por antonomasia, el gran cóndor de los Andes. Véanse sino las grandes dimensiones que ostenta, y nótese además la gran envergadura alar. Se pueden observar además al lado de esta magnífica ave algunos otros ejemplares de aves de presa.

 

 

Siguiendo con las aves de presa y con los necrófagos alados, en esta fotografía a continuación se ven tres especies genuinamente ibéricas, como son el buitre leonado, el buitre negro y el quebrantahuesos. Se puede reseñar la gran adaptación biológica del último, el cual consigue los huesos de diferentes especies de ungulados en los esqueletos que han quedado como resultado de la depredación de otras aves o animales, y que los transporta hasta los “partideros”, donde los suelta desde una gran altura para que se rompan sobre las piedras. Los trozos más pequeños resultantes de esta acción son tragados por el quebrantahuesos, cuyos potentes jugos gástricos disuelven la materia ósea digiriéndola de este modo. Por otra parte los buitres, tanto el leonado como el negro, se sirven de algunos córvidos como la picaza o el cuervo para advertir dónde se halla la carne putrefacta anterior. Es decir, existe un orden en la llegada de las aves a los animales muertos, primero llegan los córvidos, después de esto los alimoches y los buitres, y finalmente los quebrantahuesos.

 

 

Para ya finalizar con los representantes de la avifauna, inserto a continuación dos fotografías de dos de los animales más extraños que existen en la actualidad y que constituyen verdaderos caprichos de la evolución biológica sobre la faz de la Tierra. Se trata, por este orden, del kiwi y del ornitorrinco. El kiwi vive en Nueva Zelanda, y se caracteriza por estar cubierto de pelo, no poseer cola, y tener pico curvado. El ornitorrinco por su parte es todavía más extraño, posee pico de pato, cuerpo y patas de nutria, cola de castor, y pone huevos, aunque al igual que los equidnas se cataloga como un monotrema, y por tanto un mamífero, más concretamente el único mamífero venenoso que existe. Habita en la costa Este de Australia.

 

 

En la imagen que sigue se pueden apreciar algunos armadillos, un oso hormiguero, un perezoso y algunos ejemplares de marsupiales, como por ejemplo el koala.

 

 

Las dos siguientes fotografías representan distintas especies de mustélidos -familia a la que pertenecen la marta, la garduña, la gineta, o la comadreja-, así como otros mamíferos de tamaño medio.

 

 

 

Para ya finalizar, las dos últimas fotografías contienen una gran variedad de simios y de mamíferos como los murciélagos y los vampiros.

 

 

Por el momento, esto es todo acerca del sótano del Museo. El siguiente capítulo de este especial sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales tratará sobre los curiosos especímenes que se hallan en el Real Gabinete.

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (1).- Exposición sobre biodiversidad

 

Comienzo con esta entrada el conjunto de artículos dedicados al contenido actual del Museo Nacional de Ciencias Naturales, situado en Madrid, en el número 2 de la calle José Gutiérrez Abascal, muy cerca de la parada de metro de Gregorio Marañón, y mismo enfrente del Paseo de La Castellana. El precio de la entrada es de 5 euros para adultos, y está abierto todos los días de la semana, exceptuando los lunes.

El Museo de Ciencias Naturales dispone de un conjunto de salas que albergan diferentes exposiciones, algunas de ellas cambiantes a lo largo del año, como ocurre con la actual dedicada  a la biodiversidad, la que tiene como temática la vida y obra del científico español Graells, descubridor del lepidóptero Graellsia Isabellae, o la que trata el tema de la acuicultura. Además, en el museo también se hallan exposiciones que no varían en todo el año, que son las restantes que lo conforman, a saber, la sala Mediterráneo, dedicada a la fauna propia del entorno de este mar, expuesta mediante la forma de magníficos dioramas, el Real Gabinete y el almacén del museo, que recogen una importantísima colección de animales disecados, la biblioteca del museo, dotada de valiosos volúmenes, y a la que sólo se puede acceder durante la semana, la exposición de meteoritos y de fósiles y minerales, y la exposición de dinosaurios –actualmente cerrada por obras-.

Así pues, inicio una serie de documentos que giran en torno a cada una de las salas que me han parecido más interesantes, y más concretamente con una entrada dedicada a la actual exposición dedicada a la biodiversidad.

La siguiente fotografía, que representa una recreación del animal prehistórico conocido como mamut, ancestro de los actuales elefantes, no forma parte de dicha exposición sobre biodiversidad, pero por su interés la reproduzco aquí.

 

 

Entrando ya en tema, los ecosistemas que se han elegido para dar fe de lo diversa que puede ser la fauna de un determinado nicho biológico y la alta variabilidad entre distintos nichos ubicados a lo largo y ancho del mundo, han sido el de las llanuras y sabanas africanas en el Oeste del Níger, el de la Reserva de Sariska en la India, y el de la comarca de Montensinho en Portugal. El animal de la siguiente foto es un leopardo, conocido como Panthera pardus por los hombres de ciencia. El leopardo desapareció del Oeste del Níger víctima del furtivismo a que se vio sometido, dado el gran valor que alcanzó su piel, pero actualmente ha vuelto a recolonizar dicho enclave gracias a las actuales políticas conservacionistas.

 

 

El animal que sigue es un serval (Leptaiulurus serval), dotado de largas patas que le permiten ser un hábil cazador en lugares donde la hierba es alta, y que tiene como principales enemigos al leopardo y al hombre, éste último aprecia mucho su piel y como ocurrió con el leopardo su población está disminuyendo en África.

 

 

A continuación se representa un cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus), una de las tres especies de cocodrilos en África, y el segundo en tamaño en el mundo. Este animal se extiende por una gran parte del continente africano, y habita lagos y ríos de agua dulce, donde acecha aquellos otros animales que se acercan a beber, arrastrándolos hacia el agua, donde los ahoga. Puede medir hasta 5 y 6 metros, y actualmente está sometido a una fuerte caza por el hombre, quien lo captura por su carne y piel.

 

 

En la foto que sigue aparece un chacal (Canis aureus), cánido que habita la región euroasiática y que tiene hábitos nocturnos. Su actividad suele ir asociada a la de otros depredadores como el tigre o el león, ya que según se cree los avisa mediante sonidos de la presencia de presas, dado que de este modo se asegura una ración de comida basada en los restos.

 

 

A continuación aparece una fotografía cuya objeto consiste en un curioso nido de pájaro africano, completamente cerrado y con una abertura superior por donde entran y salen los consortes.

 

 

El animal africano que aparece en la siguiente imagen es un cerdo hormiguero (Orycteropus afer), especie nocturna consumidora de termitas y hormigas, que tiene costumbres cavadoras, ya que es capaz de construir refugios subterráneos para protegerse de sus depredadores naturales, refugios que una vez deshabitados son reutilizados por otros animales como lagartos y culebras.

 

 

Poco se me ocurre que decir que no se conozca ya de los protagonistas de la fotografía que sigue, una pareja de leones africanos.

 

 

El bushbuck de la imagen colocada a continuación, de nombre científico Tragelaphus scriptus, es un discreto tipo de antílope nocturno que habita el África subsahariana y tropical, exceptuando la selva ecuatorial. Es una especie que no se halla en peligro de extinción y que es apreciada por su carne por el hombre y también por depredadores naturales como el león.

 

 

El antílope de la siguiente fotografía pertenece a la especie conocida como hipotrago (Hippotragus equinus), el mayor antílope de la región del Oeste del Níger, muy apreciado por su carne por los cazadores gourtmanché y por depredadores como el león, y que ha sufrido una notable disminución de sus efectivos.

 

 

El buitre moteado (Gyps ruepelili) es una ave carroñera en situación de conservación de casi amenaza, aunque es abundante en el Oeste del Níger, donde construye sus nidos a baja altura en baobabs y tamarindos. Algunas partes de su cuerpo son utilizadas por los hechiceros para hacer gris-gris (amuletos).

 

 

El tigre (Panthera tigris) es el mayor de los carnívoros y su camuflaje rayado le permite confundirse con las hierbas de la sabana y de la jungla. Es un animal solitario, cuyo territorio ronda los 50 kilómetros cuadrados, siendo su principal alimento los herbívoros como gacelas, antílopes y ciervos. En el continente asiático, la presión selectiva a la que somete a sus víctimas es fundamental para controlar su demografía y su estado sanitario.

 

 

La fotografía siguiente representa a dos lepidópteros de la familia de los Satúrnidos, más concretamente dos satúrnidos habituales de la India. El de la izquierda es la mariposa Actias selene y la de la derecha la Atacus Atlas.

 

 

En la imagen que sigue aparece fotografiada una colección de abejas y libélulas.

 

 

El caracal (Caracal caracal) es un felino de tamaño medio de hábitos nocturnos que vive en las sabanas y semidesiertos de África y del Sur y Oeste de Asia. Aunque se desconoce mucho sobre su biología, se sabe que es capaz de capturar a las aves en vuelo bajo, mediante su poderoso salto. Es una especie protegida en la actualidad.

 

 

El langur (Presbytis lentellus) es considerado divino por los hindúes, quienes ven en él al Dios mono Hanuman. Es abundante en la Reserva de tigres de Sariska, donde los hombres prestan suma atención a sus gritos, que suelen avisar de la presencia de depredadores. En los templos y santuarios viven grandes cantidades de estos monos sagrados, y los peregrinos les hacen ofrendas de alimentos.

 

 

El pavo real (Pavo cristatus) es uno de los símbolos nacionales de la India, donde existe como especie salvaje autóctona. En Sariska los pavos reales deambulan por la selva por el día y duermen en las ramas de los árboles por la noche. Presentan dimorfismo sexual, la cola genuina del macho sirve como semáforo territorial y como causa de atractivo para las hembras. El pavo real es considerado un animal sagrado, por considerársele la montura de Skanda, el dios de la guerra. Además, en la iconografía india, Sarasvati, la diosa de las artes y del conocimiento es representada siempre junto a un pavo real.

 

 

El zorro (Vulpes vulpes) es el mayor depredador de la zona de Montesinho después del lobo, por estar en dicha comarca extinguidos el oso y el lince ibérico. Se trata de una especie muy importante para el control demográfico de algunos micromamíferos y de ciertos insectos.

 

 

El jabalí (Sus scrofa) es una especie tradicionalmente de interés cinegético que ha visto como en los últimos años su población ibérica ha aumentado mucho, a causa del abandono de gran cantidad de lugares rurales, y ha prosperado con el crecimiento de la vegetación y del bosque. Esta especie ha sido desde hace tiempo perseguida por los agricultores por los destrozos que produce en los cultivos. Su único depredador natural es el lobo, el cual tiene mayor predilección por los ejemplares jóvenes.

 

 

El lince ibérico (Lynx pardinus), pariente del serval africano, es un animal fuertemente amenazado en la península ibérica y en algún momento de nuestra reciente historia se temió por su supervivencia como especie.

 

 

Los habitantes de Montesinho creen que existe una asociación entre el áquila real (Aquila chrysaetos) y el lobo, ya que es creencia popular el que aquélla avisa al lobo donde existen presas, para después ella poder alimentarse de los restos. El águila real es una especie fuertemente amenazada.

 

 

Para ya finalizar, en la siguiente y última fotografía de esta entrada, aparece una caja de colección entomológica con representantes genuinos de lepidópteros ibéricos, más concretamente de tres familias diferentes que aparecen en la península: la familia Lycaenidae, la familia Papilionidae, y la familia Nymphalidae.

 

 

Espero que os hayan gustado estas fotografías tomadas en la exposición sobre diversidad. La próxima entrega sobre esta visita al Museo de Ciencias Naturales tratará sobre lo que he visto en los sótanos del Real Gabinete.

 

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

 

 

  

La pregunta acerca de qué fue primero, si el huevo o la gallina, es una de las cuestiones ancladas en el imaginario popular desde tiempos tal vez ancestrales. A la contestación a esta cuestión en apariencia simple, pero con un amplio trasfondo, me dedicaré en esta entrada. Me formulo entonces la pregunta. Para empezar… ¿tiene sentido semánticamente?. Pues en principio yo creo que sí lo tiene, puesto que en la misma naturaleza de las gallinas está que eclosionen de un huevo, y asimismo que ese mismo huevo haya sido puesto por una gallina fecundada. Visto de este modo, sin añadir ningún elemento más en nuestro razonamiento, se podría decir que hay una regresión infinita hacia atrás de huevos que son puestos por gallinas las cuales nacen de huevos que son puestos por gallinas, y así sucesivamente, si bien en cada momento puntual coexisten un gran conjunto de huevos y gallinas a la vez sobre la faz de la Tierra.

Pero mirando un poco más en perspectiva uno se da cuenta de que la especie gallinácea doméstica no existe desde siempre, tuvo que haber algún momento en que apareció a partir de otra(s) especie(s) previa(s), de acuerdo con la teoría de la evolución. Evidentemente el paso de unas especies a otras es un proceso que dura miles, tal vez cientos de miles de generaciones, aunque desconozco exactamente cuál puede ser el promedio de tiempo para que a partir de unas especies originales surjan otras nuevas, pero en todo caso es un proceso sumamente lento. De hecho la manera que ha tenido la raza humana (precedida por Darwin y Wallace) de saber que de manera probada existe evolución entre unas especies y otras posteriores, se basó fundamentalmente en el registro fósil (hoy en día existen medios más eficaces como la secuenciación del genoma), puesto que una persona suele vivir en torno a los 80 años, y la forma original empleada para ver los cambios graduales y sumamente lentos que hay en las sucesivas generaciones de animales es remitiéndonos a las pruebas, que en este caso no son otras que los restos zoológicos que han quedado retenidos en las rocas o en los fondos oceánicos.

La clave para contestar a la pregunta formulada, con veracidad, reside en el proceso biológico conocido como mutación genética. Es sobradamente sabido que a partir de unos padres y de unos abuelos, parte de los genes de los hijos son iguales, lo que da lugar a que se parezcan mucho a ellos en muchísimos aspectos, pero siempre, absolutamente siempre, existen variaciones al pasar de una generación a la siguiente. Así, por ejemplo, podemos tener la nariz un poco más prominente que ellos, cuando ellos ya la tienen en cierto modo robusta, o también podemos desarrollar una enfermedad que ninguno de ellos ha padecido. La causa del capricho de las pequeñas variaciones, que nos hacen a cada uno únicos en nuestra especie, es como decía el fenómeno de la mutación genética. Una mutación genética es un error en el proceso de copia entre células primigenias o células madre cuando se está formando el embrión. En el proceso de copia de la doble hélice de ADN interviene una enzima o catalizador conocido como helicasa, cuya actividad consiste en ayudar a disminuir la barrera de potencial que media entre los reactivos y los productos de la reacción química implícita al copiado, o si quiere ver de un modo físico, la helicasa facilita la rotura de la doble hélice en dos ristras independientes a partir de cada una de las cuales se genera otra nueva ristra contrapuesta a la que le da origen, y que conforman (las dos nuevas ristras) en conjunto la nueva doble hélice resultante de la copia, mediante el concurso de otras enzimas. Debido al mal funcionamiento en un momento dado de este proceso de copia, aparecerá una nueva ristra de ADN igual que la original pero con algunos cambios en su código genético, que son las mutaciones. ¿Existe determinismo en la aparición de mutaciones?. Esto abriríra un debate mucho mayor que el que pretendo generar en esta entrada, de modo que de momento diré que hasta donde se sabe las mutaciones son totalmente aleatorias (El Dios de la suerte haciendo de las suyas). Pues bien, si juntamos el fenómeno que acabo de comentar, que da lugar a lo que Darwin denominó en “El origen de las especies” como “exaptaciones”, o variaciones aleatorias de nacimiento, con el hecho de la recombinación genética –se mezclan los dos códigos genéticos de los progenitores para producir el del vástago de forma que un gen de un determinado padre está o no está pero no está a medias-, y con la selección natural impuesta por la Madre Naturaleza, y si dejamos que estos procesos actuén durante más y más generaciones, tendremos explicada la evolución de las especies.

De este modo ya tenemos los ingredientes base para contestar satisfactoriamente a la gallinácea cuestión propuesta. Evidentemente debió haber un momento puntual, esto es, una generación puntual, en la que eclosionaron grupos de huevos con la última exaptación implícita para que sus alados moradores tuviesen exactamente todos los rasgos que identifican a la gallina doméstica. Se puede decir que en esa generación arrancó tal especie en su proceso evolutivo, si bien, el otro conjunto mayor de caracteres propios de una gallina ya existían de antes y como resultado de una evolución gradual y lentísima. Pero se puede decir que ese es el momento cero de la especie gallus gallus domesticus. Si centramos nuestra atención en esa generación, nos daremos cuenta de que su genotipo será prácticamente idéntico al que poseían los embriones en sus respectivos huevos, pues todas las células vivas proceden del repetitivo proceso de copia que arrancó con las células madre. Por lo tanto fue antes el huevo que la gallina, o mejor expresado, fueron antes los huevos que las gallinas, puesto que no fue un único ejemplar el que tuvo el honor de ser la primera gallina, tuvieron que ser muchos los que nacieron tras esa última o últimas exaptación(es) pareja(s) a esa generación. La causa de que aparecieran esos primeros ejemplares fue ese último (o ese conjunto de último(s) cambio(s) que se encargaron de programar las células madre de los moradores de esos huevos antes aludidos cuando ocurrieron las pertinentes mutaciones genéticas. Aún así, cabría añadir ya para terminar esta entrada, que la reproducción por huevos es antiquísima y se remonta a antes de la aparición de anfibios y reptiles, pero esa ya es otra historia.

  

¿Existen instintos heredados? Contesta Gaspar

  

  

¿Cuántas y cuáles de las costumbres de los animales son aprendidas y cuántas y cuáles son innatas? Es ésta una pregunta que siempre se han formulado como objetivo de sus estudios los etólogos, que son biólogos que investigan el comportamiento de la fauna. Esta disciplina –la etología- es tremendamente curiosa e interesante, pues sumerge a sus practicantes en la quintaesencia del fenómeno de especie. Aunque existen muchas definiciones de tal concepto, se suele reconocer a una especie como el conjunto de animales de ambos sexos con características morfológicas y de comportamiento similares y que además participan recíprocamente en la reproducción, esto es, se aparean. Ésta podría ser la definición de especie más comúnmente aceptada, pero las más avanzadas investigaciones biológicas del momento dan cuenta de otras posibles formas de identificar a los seres vivos según clasificaciones estancas, de acuerdo a criterios bien distintos del que arriba enuncié.

Ahora bien, los ejemplares de cada especie, tienen unas pautas y hábitos de comportamiento homogéneos que los diferencian o aproximan a otras especies diferentes. Volviendo a la pregunta con la que empecé esta entrada…¿son todas las costumbres aprendidas por los animales a lo largo de su vida o existe algún medio de que esos instintos se hereden entre generaciones sucesivas?. Evidentemente esta cuestión se la han planteado antes muchísimas personas, pero por su elocuencia sin par voy a referir aquí la trama de un episodio de la serie de divulgación naturalista “El hombre y la Tierra”, de la cual, debo confesarlo, soy un adicto, y en la que el malogrado Félix Rodríguez de la Fuente contesta a esta pregunta de la manera más radical posible, esto es, con hechos verídicos, repetibles, verificables y contrastables, esto es, científicamente.

El capítulo al que me refiero está dedicado a las costumbres de una ave carroñera de origen africano, que pasa la época estival por nuestras latitudes, el alimoche (Neophron percnopterus). En las tierras africanas el alimoche, ave emparentada con los buitres, demuestra tener un cierto instinto a la hora de alimentarse. Para romper las duras corazas de los huevos de avestruz con el objeto de alimentarse de su contenido, suelta piedras de tamaños proporcionados al huevo sobre el mismo, para así fracturarlo y poder sorber su interior. En otras palabras, al igual que sucede con los humanos y con ciertos simios y otros animales de los que después hablaré, utiliza herramientas para su vida cotidiana. ¿Cómo es posible ésto si su cerebro no es mayor que el de otras aves, cómo puede residir en él tal inteligencia? -aunque confieso que nunca he pensado como un alimoche, por lo menos nunca tiro piedras sobre los huevos de gallina antes de freírlos en la sartén-. La pregunta que me hago yo es además otra… ¿por qué otras aves que se alimentan de huevos no tienen esta costumbre de soltar piedras encima?. Si lo hace el alimoche que tiene un cerebro pequeño bien podría hacerlo también una urraca, de cerebro similar, y que también se alimenta de huevos entre otras cosas. Sin embargo la urraca esto no lo hace, tal vez porque se alimenta de huevos de menor tamaño, y a pesar de ser un córvido, y por tanto poseer inteligencia como mínimo similar. La intuición parece estarnos diciendo a gritos que de algún modo es una costumbre heredada y propia de esa especie (me refiero al alimoche).

 Parece increíble que cuando se mezclan las células reproductoras de macho y hembra y se produce la división celular que da lugar al embrión, y cuando esos errores de copia en multiplicaciones sucesivas de las células primigenias producen variaciones aleatorias de nacimiento –totalmente dependientes del azar- que nos hacen tener rasgos idénticos a nuestros padres y abuelos con pequeñas –a veces grandes- variaciones, todo ello está escrito en el libro del ADN, en un libro de tamaño microscópico en el que está sintetizado cómo seremos físicamente, cómo sentiremos, cómo pensaremos, cómo enfermaremos, todo lo que nosotros seremos como ser vivo, y escrito en tantas copias como células tenemos en nuestro cuerpo. Es el mayor milagro que una mente humana puede admirar y comprender, el milagro de la vida, el milagro del mundo.

¿Cómo saben las crías de los mamíferos que deben alimentarse chupando de los pezones de su madre?¿Lo aprenden?. En principio no tienen ningún profesor que les diga que lo deben hacer, y si fuese un acto cometido por azar, entonces me parece muy raro que todos, absolutamente todos los mamíferos, mamen de su madre, es una coincidencia poco menos que extraña. Pero siguiendo mi argumentación donde la había dejado, continuaré explicando lo que sucede –para los que no lo hayan visto- en este episodio inigualable. En este capítulo de “El hombre y la Tierra”, Félix roba él mismo personalmente una cría de un nido de alimoche, la cual es llevada a un pequeño invernadero donde se le suministra calor y se le aisla del entorno. Después de llevado el alimoche al invernadero, al que Félix le pone el simpático nombre de Gaspar, el propio Félix y sus compañeros de rodaje se hacen pasar por sus progenitores y lo alimentan mediante pinzas con la carne que suelen recibir de sus padres naturales las crías de alimoche. Una vez que Gaspar llega a la edad equivalente a la de marcha del nido, los naturalistas lo llevan a la montaña para que aprenda a volar y para que conozca su medio. Cuando Gaspar tiene ya edad de buscarse la vida –fijaros que los humanos también lo hacemos, también llegado el momento nos separamos de nuestros padres y/o nos buscamos la vida por nosotros mismos- llega el momento crítico de saber si el hábito de los alimoches es innato o no lo es. Para averiguarlo, Félix y sus compañeros fabrican falsos huevos de avestruz con un tamaño y dureza del cascarón similares a los del ave africana, utilizando escayola, y los rellenan con el interior de huevos de gallina. En este punto debemos darnos cuenta que el joven alimoche no ha aprendido de absolutamente nadie del mundo mundial que si tira una piedra suficientemente grande encima romperá el huevo, sencillamente no se lo ha visto hacer a nadie. Y como en el más maravilloso cuento Gaspar se aproxima al huevo, primero prueba con piedras pequeñas, y finalmente coge piedras más grandes y las lanza sobre el huevo, rompiéndolo y sorbiendo su jugo. ¡¡¡¡Asombroso !!!!. Un ave que no tuvo el suficiente contacto con sus padres reales, de quienes podría aprender ciertas cosas por imitación, que nunca ha estado en África, que nunca ha visto un huevo de avestruz ni nada similar, que ni siquiera sabe que es un alimento, con una inteligencia que en principio es similar a la de otras aves, sabe instintivamente, por decirlo así, que el huevo le va a servir de comida y que para ello tiene que emplear una herramienta –la piedra-. Debo reconocer que este episodio me parece uno de los mejores de la serie ibérica de “El hombre y la Tierra”.

La consecuencia que se extrae de las peripecias de Gaspar es que algunos de nuestros instintos son heredados, puede parecer extraño, pero es verídico, muchas de las pautas que desarrollan los seres vivos las ejecutan porque de algún modo ello está registrado en su biblioteca genética, como el hecho de que respiremos sin pensar en ello o que nuestro corazón lata sin controlarlo con la mente, ambas cosas a otro nivel. Y esto es así porque las mutaciones que dieron lugar a esos comportamientos fueron en su momento ventajosas evolutivamente y la selección natural actuó conservándolas. Otro ejemplo que se me ocurre sin salir de los animales alados es el de los alcaudones, también llamados comúnmente pájaros verdugo. Los alcaudones (familia Lanidae) son aves muy agresivas, que se alimentan de toda suerte de pequeños mamíferos, otros pájaros, reptiles e insectos. No son precisamente vecinos agradables, ya que para matar a sus presas las empalan en pinchos de espino o de cercados de alambre, ello ya condiciona el lugar donde ubicarán sus nidos, cerca de los pinchos. Dichos nidos tienen la forma y tamaño similares a los nidos de mirlo común (Turdus merula), y los construyen en árboles ubicados en terrenos abiertos. Los alcaudones, al igual que los estorninos y otras aves canoras, son buenos imitadores, reproducen el canto de otras especies, quizás para atraerlas. El hecho de que empalen a sus presas viene dado porque su pico y sus garras no son suficientemente robustos y ganchudos como para desgarrar las presas grandes, ni poseen la suficiente fuerza como para hacerlo, por ello se ven obligados a ensartar a sus víctimas, de forma que estando éstas perfectamente enganchadas, pueden tirar con toda la fuerza de su cuerpo para desgarrarlas. Además de esto los restos que les sobran quedan ensartados en el espino a modo de despensa que utilizarán en el invierno. Evidentemente un alcaudón recién nacido que esté en el nido no aprende esto de ningún otro alcaudón. Se trata de unas pautas de comportamiento cuyo empleo instintivo está de algún modo –por increíble que esto parezca y a tenor de las pruebas- grabado en el código genético de sus poseedores, aunque quizás haya una componente de aprendizaje si los alcaudones padres conviven con sus crías lo suficiente. Otros ejemplos de aves con comportamientos exclusivos de su especie son el de los mirlos acuáticos y el de las grajillas. Los mirlos acuáticos viven en cursos de agua dulce y se alimentan de frigánidos, larvas de insectos acuáticos, ditiscos, y libélulas, y otros insectos de nuestros ríos. Para capturar in fraganti a sus presas los mirlos acuáticos no dudan de coger las piedras del fondo del río con el pico y apartarlas a un lado. Lo mismo que ocurre en el caso de las grajillas, las cuales son medianos córvidos que para buscar su sustento apartan las piedras cogiéndolas en su pico. Y lo hacen todas las grajillas y todos los mirlos acuáticos. Parece indicar que puede haber una componente genética en este comportamiento. Saliéndonos ya de la clase de las aves se podrían citar muchos ejemplos de pautas de conducta -tal vez sería más correcto llamarlas instintos- congénitas (os), a mí se me ocurre por ejemplo ahora los curiosos algoritmos que emplean las abejas para comunicarse avisando de la dirección y distancia de las fuentes de pólen, o la costumbre de la hembra de la mantis religiosa después del acto sexual de comerse a su compañero, pero en realidad lo cierto es que absolutamente todas las especies de la fauna mundial tienen instintos propios, a veces congénitos como se ha demostrado que sucede en muchas ocasiones y otras veces como mezcla de la herencia, del aprendizaje -cuando las crías permanecen lo suficiente junto a sus progenitores- y por qué no, también del azar en una componente mínima.

En la fotografía superior se representa un alimoche, que bien podría ser un descendiente de Gaspar, quién sabe, y en la inferior el macho de un alcaudón real.

  

  

El abejaruco europeo – (Merops Apiaster)

 

 

http://alcarriafloraypoesia.blogspot.com.es/2009/09/abejaruco.html

 

El abejaruco europeo es una vistosa ave migradora, que en España se encuentra sólo en la época estival (por lo cual esta ave cría aquí), y que pertenece al orden de los coraciiformes, familia merápidos, género meraps, nombre científico binomial meraps apiaster. No presenta subespecies reconocidas. 

Se cree que el abejaruco es una ave de orígenes tropicales, por su vistoso colorido, ya que en zonas templadas los pájaros presentan colores más discretos por necesitar más el pasar desapercibidos (no poseen un lugar tan bueno donde esconderse como la selva).

Su tamaño es de entre 25 y 30 cm. desde el pico a la cola y de entre 35 y 40 cm. de envergadura alar. Se alimenta principalmente de abejas (de ahí viene el nombre común de abejaruco y el identificador de especie apiaster). Tampoco le hace ascos a otros tipos de insectos, como abejorros, mariposas, o libélulas, los cuales caza en vuelo gracias a su agilidad y a una vista agudísima con la que diferencia a algunas decenas de metros a animales del tamaño de una mosca grande. El vuelo de caza lo suele comenzar desde una atalaya desde donde vigila, en cierto modo esta costumbre y el hecho de su forma de nidificar lo hacen parecerse al martín pescador. De hecho hay cierto parentesco entre ambas especies, ambas pertenecen al orden de los coraciiformes, sólo que el martín pescador es de la familia Alcedinidae, mientras que el abejaruco pertenece a la Meropidae. Al mismo tiempo, comparten en muchas zonas de su distribución el mismo nicho biológico y ello da lugar a que no sean infrecuentes las peleas entre ejemplares de ambas especies por causas territoriales o de defensa de un nido, el que a veces es intentado usurpar por el abejaruco al martín pescador.

En cuanto a sus costumbres de comportamiento, se puede decir que es un animal gregario, que nidifica en colonias. El nido lo construye en taludes fluviales o de la orilla de las carreteras, horadando un túnel que puede tener hasta 2 metros de largo, en cuyo fondo taladra una cavidad donde deposita los huevos.

 

Las primeras mariposas del año

 

  

 

Hoy he visto las dos primeras mariposas de la temporada. Todos los años por estas fechas se empiezan a ver lepidópteros en los prados y campos de nuestra geografía, pero son fundamentalmente dos las especies más madrugadoras, de acuerdo con sus épocas de cría. Es infalible. En el mes de abril suelo ver siempre ejemplares de estas especies, no de otras diferentes, de estas dos concretas : Anthocharis cardamines, de nombre común Aurora (la de la fotografía superior); y Gonepteryx Rhamni, también llamada comúnmente Limonera (la de la fotografía inferior). Ambas especies pertenecen a la familia Pieridae, la primera del género Anthocharis y la segunda del género Gonepteryx. Los lepidópteros de la familia Pieridae (de la cual en España el más común es tal vez la mariposa de la col, o Pieris Brassicae) suelen alimentarse en su fase de orugas de crucíferas, suele ser éstas sus plantas nutricias, aunque puede haber variedad de preferencias alimenticias dependiendo de la especie. Presentan además dimorfismo sexual, esto es, la hembra generalmente se diferencia anatómicamente del macho, siendo por lo general éste más vistoso. Se distribuyen geográficamente por Eurasia y Norte de África. Son muy comunes en los campos de España. De niño siempre me emocionaba cuando veía los primeros ejemplares del año. Pues hoy estas dos especies de mariposas no han faltada a su cita anual, y las he observado en pleno Madrid. Aquí dejo dos fotografías de ellas, que he tomado prestadas de otras webs, para que las veáis. Los dos ejemplares que aparecen son los machos. La hembra de la Anthocharis cardamines no tiene el área pintada de naranja, sino que es blanca en su lugar, y la hembra de la Gonepteryx rhamni es de un verde muy clarito, muy diferente del verde fuerte del macho que aquí podéis ver.

 

  

Amigo Félix, te recordamos

  

  

Este pasado 14 de marzo se han cumplido los 30 años de la muerte por accidente de aviación, en Alaska, del gran naturalista, divulgador científico, conferenciante, escritor, y médico estomatólogo (faceta que desempeñó de manera previa a su verdadera vocación), Félix Rodríguez de la Fuente. Hasta el propio Google se hizo eco de dicha conmemoración, dado que este prohombre llegó a ser muy conocido allende nuestras fronteras, sobre todo por la archiconocida serie documental “El hombre y la tierra”, que se emitió en muchos países y que tuvo un grandísimo éxito de acogida por las masas, como todo lo que Félix hizo en vida.

Es indudable que a estas alturas ya poco puede quedar qué decir de Félix. Su trágica muerte contribuyó a mitificar aún más si cabe el que ya era de por sí un fenómeno de popularidad y de excelencia en el terreno del estudio y divulgación de la naturaleza, con mayor mérito si cabe si tenemos en cuenta que sus estudios y conocimiento de la biología fueron adquiridos y puestos en práctica de manera autodidacta.

Félix fue una persona que vivió cada segundo con verdadera pasión y entusiasmo, y poseía tal elocuencia que sabía transmitir y contagiar esa pasión a cada persona que le oía. Incluso llegó a ser propuesto como miembro de la Real Academia de la Lengua, dado su excelente manejo de la palabra y del acento prosódico. Todavía recuerdo lo que yo disfrutaba con escasos cinco años aquellos documentales tan bonitos en los que se veía a los pájaros dando de comer a las crías o a los ratones de campo royendo el grano. Puedo asegurar que soy de la generación que nació con “El hombre y la tierra”, y que tantas vocaciones naturalistas ha engendrado en los niños de entonces, que ahora pasamos de los treinta. Recuerdo la nube que me cubrió cuando supe que él no volvería a hacer más programas, que había muerto de accidente, a pesar de que por aquel entonces todavía no había meditado demasiado acerca de la muerte.

De él nos han quedado sus obras, que abarcan varias series documentales, programas de radio y de televisión, artículos en periódicos y revistas, las enciclopedias de la Fauna Ibérica y europea y de la Fauna Mundial y una lista que se extiende casi indefinidamente, aunque también es incalculable el legado biológico que nos ha dejado, pues muy probablemente algunas especies ibéricas como el lobo o el oso pardo estén en deuda y hayan sobrevivido gracias a su labor ecologista, así como el Parque Nacional de Doñana. La trascendencia de Félix Rodríguez de la Fuente en el ámbito de la conservación de la naturaleza ha sido muy grande, y tampoco podemos olvidar la práctica y reinstauración que desarrolló de las técnicas medievales de cetrería, perdidas y olvidadas en la noche de los tiempos, así como sus estudios etológicos enfocados primordialmente en las costumbres del lobo ibérico. Parte del mérito de Félix reside en que se supo rodear de personas extraordinarias como él, no fue sólo su pasión la que gestó tanta grande obra, los naturalistas, filmadores, y ayudantes que le acompañaron tienen buena parte del mérito y sería injusto otorgárselo sólo a él. Pero la opinión que le merece Félix a todas las personas que lo siguieron y siguen es la de un hombre íntegro y un ejemplo claro de bonhomía, cuyo éxito contribuyó a muchas malsanas envidias pero en la mayoría de los casos una admiración sin precedentes.

Hace 30 años quedamos huérfanos de una figura clave en la concienzación ecologista, un narrador sin par, una persona a la que todos nos gustaría conocer personalmente y en la que todos vimos un verdadero amigo. No puede haber maldad en alguien que disfruta observando a los animales en su hábitat y preocupándose de conservar las especies para no pasar a la historia de los animales erradicados y de que las generaciones venideras sigan disfrutando de ellas. Es un acto de suma bondad, algo que todos deberíamos admirar e imitar.

Fueron muchos los homenajes que recibió tras su muerte, se levantaron estatuas, se nombraron calles y plazas con su nombre, … , y yo no quería dejar pasar este instante sin otorgarle mi más sentido, humilde, y personal homenaje también, a mi manera. Aquí dejo una adaptación del precioso y emotivo poema “Funeral blues”, del autor Wystan Hug Auden, que es recitado en la película “Cuatro bodas y un funeral”, y que he reajustado un poco para esta ocasión.

Amigo Félix, te recordamos.

 

Adaptación del poema “Funeral Blues” de W. H. Auden, 

a la memoria de Félix Rodríguez de la Fuente.

 

Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,
impedid, con un jugoso hueso, que el perro ladre,
callad los pianos y, con un apagado tamborileo,
mostrad el ataúd, dejad que las plañideras se acerquen.

Que los aviones hagan círculos, gimoteando, sobre nosotros,
garabateando por el cielo el mensaje: Él ha muerto,
poned crespones en los cuellos blancos de las palomas,
dejad que los guardias de tráfico porten guantes de algodón negros.

El bien fue su Norte, su Sur, su Este y su Oeste,
su semana de trabajo y su descanso dominical,
su amanecer, su medianoche, su voz, su canción;
yo pensaba que su luz duraría siempre: no estaba equivocado.

No se desean ahora estrellas: apagadlas una a una;
olvidaos de la luna y desmantelad el sol;
lejos verted el océano y barred el bosque.
Pues ahora de ninguna manera pueden traer nada bueno.

 

Mi colección de lepidópteros

 

 

Ya que como digo en mi poema «El mundo del mañana», los niños de hoy serán los hombres del mañana, dedico esta entrada a un niño de once años, llamado Alex Pujadas, de Barcelona, hijo de un compañero mío de trabajo, y que comienza a descubrir el mundo, y en particular a descubrir sus propias inquietudes, en este caso los insectos. Feliz viaje, amigo Alex.

Siempre me gustaron los lepidópteros (o mariposas), desde muy pequeño. En su momento, a los doce años confeccioné mi propia colección autóctona de estos insectos, a base de carreras por los prados y paciencia, y poco a poco fui advirtiendo la majestuosa belleza que es capaz de engendrar la naturaleza, cuyos misterios están en parte desvelados por la teoría de la selección natural de Darwin -de la cual soy un gran devoto-. ¿Es justo sacrificar especímenes o privarlos de su libertad para su estudio?. Pues tal vez probablemente no lo sea, pero es evidente que esto se hace a gran escala en los museos de la naturaleza, y es el modo más eficiente de conseguir llegar a conclusiones veraces y profundas en lo que respecta a la anatomía. Lo mismo se hace con las plantas. Ahora, tras un par de décadas, pienso que si algún día me da por cazar animales o plantas para su contemplación o estudio lo haré desde detrás de una cámara o unos prismáticos, pues considero que si queremos preservar este planeta para las generaciones venideras tenemos que empezar por aplicar un principio conservativo estricto a todos nuestros actos diarios.

 

 

Ahora bien, existen personas por todo el mundo que se dedican a criar en cautividad lepidópteros a gran escala, para posteriormente ser disecados. De hecho estas actividades están amparadas por los organismos reguladores de las leyes de Protección de la Naturaleza y no constituyen delito. El delito lo sería si los especímenes procediesen del estado de libertad y fuesen especies protegidas. En otras palabras, sacrificar estos ejemplares equivale por ejemplo al sacrificio que hacemos con aquéllos animales de los que nos alimentamos y que criamos en cautividad. En realidad, sigo creyendo que no es justo, pero si observamos la propia naturaleza podemos ver como se dirime una continua contienda sin cuartel entre las especies, depredadores frente a presas, y de esta contienda surge el equilibrio que matemáticamente se modela con las ecuaciones diferenciales de Lotka-Volterra, un par de ecuaciones diferenciales acopladas cuya solución explica la variación biológica en los ecosistemas, y que está formada por dos funciones temporales que modelan la variación de la cantidad de depredadores y de presas en un par de especies que estén relacionadas de este modo. En realidad este par de ecuaciones diferenciales se extienden y particularizan a cada par predador-presa del ecosistema, y establecen al mismo tiempo que la tasa de aumento de las presas es el crecimiento natural de esa especie menos la tasa de muertes por encuentro con el predador, mientras que la tasa de aumento del predador es su crecimiento por encuentro fructífero con la presa menos su tasa de muertes naturales. Evidentemente esto es una simplificación, pero lo suficientemente fina como para que, resolviendo el gran sistema de ecuaciones diferenciales de un ecosistema, obtengamos soluciones basadas en parámetros (siendo los parámetros los que intervienen en las ecuaciones diferenciales y que han de ser obtenidos empíricamente) que representan las cantidades variables en las sucesivas generaciones de cada especie en el espacio de especies, y que esquematizan la variabilidad temporal biológica en cada biotopo. Los ecosistemas que perviven lo hacen merced a la aproximación a situaciones de alejamiento y acercamiento sucesivos a la posición teórica de equilibrio que se obtendría igualando todas las tasas de cambio de todas las ecuaciones a cero, y gracias a la contienda, que es precisamente uno de los mecanismos naturales de poda de los peor adaptados que provee la naturaleza y que mueve precisamente la evolución biológica sobre la Tierra. Al final resulta que un hecho puntual, como por ejemplo que en una región de la sabana africana los leones cacen muy eficazmente, puede ayudar a que todo un ecosistema no se desmorone, porque en este mundo todo está relacionado con todo. Nosotros no somos más que una especie animal más, y por ello también somos depredadores, sólo que nuestros medios y métodos de caza son mucho más sofisticados que los de los animales, y en muchos casos no buscan nuestro sustento, que es el fin realmente noble de la caza, sino la diversión, aspecto lúdico que aunque entraña la muerte de los ejemplares cobrados, puede poseer consecuencias beneficiosas para los ecosistemas, cuando mediante la práctica cinegética se consigue el control demográfico de las especies.

 

 

Aun así, a pesar de todo, no he podido resistirme a conseguir una colección de lepidópteros de todo el mundo, y cada día que pasa me maravillo más y más de la suma perfección de Natura, el verdadero dios (o diosa). Pondré un ejemplo ilustrativo: el reverso de las alas de ciertas especies de lepidópteros tienen forma y color de hoja de árbol. Es evidente que las variaciones aleatorias, asociadas a la divergencia de caracteres, la cual no es sino la expresión visible de la mutación genética, que aparecieron en algún momento puntual y que conferían cierto parecido a hojas a las alas de esos ancestros naturales, les daban ventaja frente a otros ancestros lepidópteros del mismo ecosistema, y esto dio lugar a que poco a poco fuesen apareciendo especies con esta morfología, dado que otros animales que se alimentaban de lepidópteros encontraban con mayor dificultad a estas especies miméticas. Otro tanto ocurre en un fenómeno bastante extendido en los lepidópteros: la presencia de ocelos con formas muy similares a la de ojos. Es un hecho comprobado que los pájaros atacan a estos ejemplares precisamente en esos ojos, por llamarles más la atención, y no en el tórax, el abdomen o la cabeza. Por tanto, esos especímenes sobreviven, y esto no debería extrañarnos, pues ahora observamos precisamente que se hallan entre nosotros y no han desaparecido. Simplemente porque la variación consistente en tener esos «ojos» les dio ventaja frente a otras mariposas asentadas en el mismo nicho biológico, que eran atrapadas por sus depredadores. Selección natural al 100%. Como ejemplos de la primera de las circunstancias puedo exponer el caso del lepidóptero Kalima Inachus, y como ejemplos de la segunda circunstancia se me ocurren por ejemplo la Caligo sp., o la Morpho Peleides, ambas dotadas de una belleza embaucadora.

 

 

Para contagiaros de esta contemplación enriquecedora del mundo que nos rodea, que practican miles y miles de personas en el planeta, y cuya belleza y verdad nos aguardan en cada rincón insospechado, he insertado aquí once fotografías correspondientes a mi actual colección de lepidópteros.

 

 

Invernada en la laguna de Cospeito

 

  

El pasado día 2 de enero he visitado la laguna de Cospeito, que de nuevo, un año más, se encuentra en su momento álgido para la observación de aves acuáticas. Estaba especialmente crecida por las fuertes lluvias estacionales. En relación a otros años no he contabilizado demasiadas especies, aunque desde luego sí más que en la época estival. En concreto, pude observar una gran cantidad de ánades reales (Anas platyrhynchos), algunas cercetas comunes (Anas crecca), algunos patos cuchara (Anas clypeata), una gran bandada de avefrías (Vanellus vanellus), así como un ejemplar de garza real (Ardea cinerea) y otro de porrón moñudo (Aythia fuligula), y un grupo de cormoranes (phalacrocorax carbo) situados sobre las ramas de unos árboles que hay en las islas centrales de la laguna. No había ni demasiada cantidad de especímenes ni demasiadas especies en relación a otras veces que allí he acudido en fechas similares, aunque es de prever que haya un aumento en la variedad y cantidad en este mes de enero y en el de febrero.

En la siguiente fotografía se pueden observar algunas anátidas al fondo y entre el centro y la derecha el grupo de cormoranes antes aludido: son unas aves grandes y negras que están situadas sobre un arbolito en posición contemplativa.

 

 

A continuación inserto una foto donde se puede apreciar un grupo de ánades reales -o azulones- (quizás la especie de anátida más común en el mundo y que además de invernar también cría en las inmediaciones de esta laguna). Los machos son los que tienen la cabeza de color verde hasta el cuello, y las hembras son de color marrón con manchas negras.

 

 

Para ya finalizar coloco aquí una fotografía donde se puede apreciar claramente el ejemplar de porrón moñudo -ave que genuinamente sólo está aquí de invernada, aunque se han registrado casos de cría y presencia estival en los humedales de esta comarca de A Terra Chá- : es el ave negra y blanca que está situada separada de los demás a la derecha de la imagen. Lamento no poder brindar unas imágenes más profesionales, pero para introducir el tema espero que resulten suficientes.

 

  

La garza real (Ardea cinerea)

  

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La garza real es una grande ave de la familia Ardeidae, cuyo nombre científico es Ardea cinerea. A esta misma familia pertenecen por ejemplo las garcetas grande, común y bueyera, así como el martinete, el avetoro y el avetorillo común. Algunas de estas aves, como el martinete (nictycorax nictycorax), tienen hábitos preferentemente crepusculares, aunque la especie que aquí me ocupa puede verse prácticamente a cualquiera hora del día. Si hay un rasgo que identifica a los ardéidos y que los diferencia por ejemplo de la familia de los cicónidos (a la cual pertenecen la cigüeña común –ciconia ciconia- o la cigüeña negra –ciconia nigra-) o de la familia threskiornithidae (a la que pertenecen las espátulas y los moritos) es que tanto en su posición de descanso y vigilancia, como en su posición de vuelo, suelen tener el cuello doblado en forma de S, mientras que las especies de otras familias lo suelen llevar extendido. Esto es fácil de comprobar si observamos por ejemplo la garza real y la comparamos con la muy corriente cigüeña común. 

La garza real tiene un tamaño desde la punta del pico hasta la punta de la cola de aproximadamente 90 cm., y es muy peculiar por su tonalidad grisácea, y su caperuza negra. Tiene un fuerte pico rosado. Su elevada estatura le ha dado ventaja evolutiva en las riberas de las lagunas y lagos de interior –su hábitat natural-, aunque también se puede ver en ríos y costas arenosas. Ese gran tamaño, unido a sus dos largas patas, le permiten capturar ranas y peces desde arriba, como quien pesca en una postura inmóvil desde una atalaya donde no es visto. Este es el típico caso de un comportamiento instintivo adquirido a partir de la evolución seleccionada por la naturaleza de unas variaciones aleatorias de nacimiento –en este caso la altura elevada y las patas largas, que comenzaron a aparecer en algún remoto ancestro de la garza real y de otras aves de gran tamaño que evolutivamente son primas entre sí-. Suelen criar en colonias.  Se distribuye por Europa y Asia, aunque también se puede ver por África, en menor medida.