Que te vaya bien. Lord Byron.

 

¡Ay!, habían sido amigos en la juventud,
pero las lenguas murmuradoras emponzoñaron la verdad;
y la constancia sólo vive en los reinos del cielo:
y la vida es complicada y espinosa; y la juventud es vana:
y enfadarse con la única persona a la que amamos
actúa como la locura en el cerebro.
Pero ya nunca se buscaron
para aliviar el dolor de sus corazones muertos…
Y siguieron solos en su apatía, con las heridas abiertas,
como los dos extremos de una sima que han quedado separados;
un tenebroso océano fluye ahora entre ellos,
pero ni el calor, ni el hielo, ni el trueno
podrían borrar por completo, eso creo,
las huellas de lo que una vez fue.
¡Que te vaya bien! Y si no nos volvemos a ver jamás,
que sea para siempre y que te vaya bien…
Porque aunque no te pueda perdonar, jamás
contra ti se rebelará mi corazón…
Ojalá este pecho estuviera vacío,
este pecho donde tu cabeza tantas veces reposó
mientras te invadía un dulce sueño
que nunca podrás volver a tener.
¡Ojalá este pecho que tan bien conociste
pudiera mostrar sus más íntimos pensamientos!
Así por fin descubrirías
que no estuvo bien despreciarlo de esa manera…
Y aunque el mundo por ello te halague…
aunque sonría y se burle por el golpe,
incluso sus halagos deberían ofenderte,
porque se funden en el dolor de otro…
Y aunque mis muchos defectos me rebajen,
¿es que no iba a encontrar otros brazos
como los que una vez me estrecharon
para infligirme una herida incurable?
Sin embargo…oh, sin embargo, no te engañes,
el amor puede pudrirse lentamente,
pero por un repentino desgarro, no creas
que los corazones pueden separarse;
tu corazón aún conserva la vida,
y el mío, aunque sangrando, aún debe latir,
y el pensamiento constante y doloroso
es…que no volvamos a encontrarnos.
Estan son palabras de un dolor más profundo
que el lamento por los muertos;
ambos viviremos…pero cada mañana
nos despertaremos en un lecho enviudado…
y cuando consigas reunir un poco de paz,
cuando nuestra hija pronuncie sus primeros balbuceos,
¿le enseñarás a decir «¡Padre!»
aunque no pueda disfrutar de mi cariño?
Cuando sus manitas te abracen,
cuando sus labios te besen,
piensa en aquel que sigue rezando por ti,
piensa en aquel que bendijo tu amor.
Sus rasgos recordarán
a los de aquel que ya no volverás a ver,
y entonces tu corazón dulcemente se estremecerá
con un latido que aún me es fiel…
Todos mis defectos, tal vez los conoces bien,
todas mis locuras, estas nadie las conoce,
todas mis esperanzas, que irán donde tú vayas,
marchitas, irán siempre contigo.
Todos los sentimientos se han derrumbado,
el orgullo, que ni un mundo podía humillar,
se humilla por ti…y por ti se rinde;
incluso mi alma se rinde ya,
pero ya está todo dicho…todas las palabras sobran,
y mis palabras aún son más vanas;
pero los pensamientos que no podemos refrenar
se abre camino a pesar de nuestros deseos…
¡Que te vaya bien!, aunque separados,
desgarrados todos los lazos queridos,
con el corazón agostado, y solitario, y destrozado,
tanto que apenas puedo morir.

 

Lord Byron. Poemas de amor

 

Poema escrito por Lord Byron a la que fue su mujer, Anne Isabella Noel Byron, de la que vivió separado por su exilio autoimpuesto. La niña a la que se hace referencia en el poema, es su hija legítima, Ada Lovelace, quien llegaría a ser pionera del cálculo automático y primera analista programadora de la historia, colaboradora del matemático Charles Babbage. Ada nunca llegó a conocer a su padre, quien murió en Missolonghi (Grecia) el 19 de abril de 1824, a los 36 años de edad, a causa de las sangrías a las que fue sometido para combatir la malaria, que había contraido en la guerra contra los turcos.

 

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