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El tiempo en mis manos.

 

 

Yo era científico y matemático, y trabajaba en mis investigaciones por libre. A la vuelta de la oficina, no necesitaba de nada más que de mi cabeza, un lápiz y un cuaderno. Tenía que construir mi propia criatura, lo deseaba. Usando ciertas ecuaciones fui diseñando poco a poco mi máquina del tiempo. Era mi secreto.

Al principio sólo eran ideas vagas e inconexas. Pero un día todo llegó a encajar y tomar forma. Cada pensamiento en que me recreaba tenía su equivalencia en el cuaderno en forma de tensores y operaciones entre ellos. Cuando tuve acabada la teoría, comencé a construir el artefacto en el garaje. Trabajaba hasta altas horas de la madrugada, perdiendo tiempo de sueño, empeñado en terminarlo cuanto antes. Se iban sucediendo las semanas y no avanzaba nada. Pero una vez que obtuve todos los materiales, y conseguí concentrarme en las tareas, la máquina fue surgiendo poco a poco de mis manos. Cuando al fin la tuve rematada, decidí fijar un día para mi primer viaje. Mi concepto del paso del tiempo dejaría de ser el mismo cuando la rueda comenzase a girar, si mis cálculos eran correctos. Configuré las clavijas y noté un ligero mareo, al que me fui acostumbrando poco a poco. Mi tiempo local no variaba, pero podía ver como el externo sí lo hacía. Era fabuloso. Contemplaba extasiado como se sucedían las estaciones y los años. Y yo no envejecía. Era el mismo niño de siempre. La máquina era perfecta. Como un Dorian Grey de 15 años, la mente no variaba, los pensamientos fluían en mi cabeza como siempre habían fluido.

Pero, cuando ya estaba embargado por la emoción, noté una cosa. Comenzó como una palpitación en mi corazón y una neblina en los ojos. Algo no iba bien. Repasé de memoria los cálculos. Había algo que no cuadraba. ¿Qué era?. Le daba vueltas en la cabeza, mi mente era un hervidero de pensamientos extraños, y de repente lo vi todo. Acudió a mí como un relámpago. Una maldita cuenta estaba mal. El tensor de la energía basal decaía a la tasa de tiempo externo, no a la tasa de tiempo interno. Me estaba muriendo.

 

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